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La parábola del cucarrón patas arriba

Quiero compartir con ustedes una reflexión que llegó a mi corazón de la manera más inesperada.



Hace unos días venía pensando en nuestra fragilidad como seres humanos. En cómo existen experiencias que nos transforman para siempre. Situaciones tan profundas que, después de vivirlas, ya no reaccionamos de la misma manera. Nos vuelven más sensibles, más conscientes del dolor ajeno y, quizá, más humanos.


Mientras reflexionaba sobre todo esto, llegaba al lugar donde vivo después de haber hecho unas compras. Comencé a subir las escaleras y, al llegar al segundo piso, me detuve unos segundos para descansar.


Fue entonces cuando lo vi.


Un pequeño cucarrón volador estaba patas arriba.


No suelo sentirme cómoda con los insectos. De hecho, me producen cierto nerviosismo. Pero aquella vez ocurrió algo diferente.


Cuando me acerqué, el pequeño cucarrón levantó una de sus patas para protegerse de aquello que sentía que se le venía encima.


Fue un movimiento casi instantáneo.


Un simple reflejo.


El instinto de supervivencia.


Y, sin darme cuenta, me quedé observándolo.


Pensé en lo extraordinario que es que un ser tan pequeño conserve ese mismo impulso que compartimos todos los seres vivos. Cuando sentimos que algo amenaza nuestra vida, nuestro primer impulso es protegernos. Es un lenguaje universal que nos recuerda el inmenso valor de la vida.


Continué subiendo hasta mi apartamento, pero aquella imagen no salía de mi mente.


Cuando regresé, el cucarrón seguía allí, intentando darse la vuelta sin lograrlo.


Con mucho cuidado lo ayudé a recuperar su posición. Sin embargo, había quedado muy cerca del borde del pasillo. Pensé que, si lo acercaba un poco más, probablemente caería.


Aun así, lo moví con cuidado hacia la orilla.


Y entonces ocurrió algo que me dejó una enseñanza que difícilmente olvidaré.


En el mismo instante en que quedó frente al vacío…


no cayó.


Voló.


En ese momento comprendí que el instinto de supervivencia nos ayuda a resistir cuando la vida nos pone patas arriba. Nos impulsa a seguir luchando, a protegernos y a no rendirnos.


Pero llega un momento en el que sobrevivir ya no es suficiente.


Hay que volver a desplegar las alas.


Muchas veces caminamos con miedo, convencidos de que estamos al borde del abismo, cuando en realidad estamos al borde de descubrir una capacidad que siempre ha vivido dentro de nosotros.


Quizá las circunstancias no llegan para destruirnos.


Quizá llegan para recordarnos que, incluso después de haber estado patas arriba, todavía podemos volar.


Y esa fue la enseñanza que, inesperadamente, recibí de un pequeño cucarrón volador.


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Una reflexión para ti


Comparto esta parábola con cada persona que hoy siente que la vida la ha dejado patas arriba. Con quienes atraviesan una enfermedad, una pérdida, una situación de violencia, una crisis familiar, dificultades económicas o cualquier circunstancia que les haga pensar que ya no hay salida.


Si hoy sientes que estás al borde del abismo, quiero recordarte algo: tal vez no estás frente al final de tu historia. Tal vez estás frente al momento en el que descubrirás una fuerza que siempre ha estado dentro de ti.


Nunca subestimes la capacidad que tienes para levantarte.


Porque, aun después de los momentos más difíciles, siempre existe la posibilidad de volver a desplegar las alas.


Con cariño,


Fundación Lumina – Empoderamiento Social TX


"Encendemos la luz que transforma historias."

 
 
 

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